Cuando la inteligencia artificial sea tu terapeuta

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ucho se está elucubrando con las profesiones que se verán más afectadas por la aparición de la IA (ilustradores, diseñadores, fotógrafos teleoperadores…), y me pregunté en qué medida nos afectará a los terapeutas. Busqué información para elucubrar con lo que ocurriría en unos años y me sorprendió que las plataformas con servicios psicológicos ya existen: la tecnología avanza más rápida que nuestros miedos.

“Un ente vacío de rostro pero lleno de buenas intenciones”.

Así comienza el artículo que el periodista Rodrigo Santodomingo escribió hace poco en El País sobre las nuevas aplicaciones en las que se utiliza la Inteligencia Artificial con fines terapéuticos. Son los llamados “psicobots”.

La pregunta es obvia: ¿Puede un robot hacer la labor de un terapeuta? Parece que muchos consideran que sí, sobre todo si el enfoque de acompañamiento es Cognitivo Conductual, cuyo proceso es más corto y estructurado.

Hablando de este tema, es casi inevitable acudir a la película “Her”, en la que Joaquin Phoenix se enamora de un sistema operativo llamado Samantha. La cinta se estrenó hace una década y a lo largo de estos años no he querido verla. Mi resistencia procede de que considero la intimidad entre las máquinas y los humanos algo así como una aberración. “Nunca he querido a nadie como te quiero a ti”, le llega a confesar el protagonista a su máquina.

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espués de la pandemia de 2020 cada vez son más las personas que solicitan ser acompañados a través de la terapia on line. En ese afán abrumador por la comodidad, que es una de las características de la nueva sociedad, este tipo de encuentros evita los desplazamientos y también la exposición que supone sentarte delante de otra persona para revisar tu vida. El uso de la Inteligencia Artificial es una vuelta de tuerca donde no solo se pierde la tercera dimensión que proporciona la terapia presencial, sino que desaparece directamente la condición humana. Será un acompañamiento “low cost”. Y el dinero será algo fundamental para la proliferación de este tipo de aplicaciones, porque parece que cada vez serán menos lo que se podrán costear los gastos de una terapia convencional. No hay más que ver lo que está ocurriendo con los precios de los alquileres y los alimentos.

Elucubremos: en cinco años habrá varias plataformas en las que, pagando una cuota mensual (digamos 20 euros), podrás elegir el aspecto de tu psicólogo y la corriente terapéutica en la que quieres ser atendido.

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i cifrásemos la intervención del terapeuta en tres niveles: escucha, guía y compasión, está claro que una máquina podría completar las dos primeras, pero nunca la tercera. Y todas las corrientes -especialmente el humanista y la transpersonal- subrayan la importancia capital de la relación entre el profesional y su paciente. Algunos llegan a afirmar -y estoy de acuerdo- que la persona sana en relación con el cariño que sienta hacia ella su acompañante. Así pues, parece claro que una máquina no podrá acompañar adecuadamente a una persona en un proceso largo y profundo. Puede que en algunos casos este tipo de sostén mejore a corto plazo a los pacientes, pero con el tiempo creará un vacío mayor.

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o podemos saber cuan distópico será el futuro ni a dónde llegará la relación entre las máquinas y las personas, pero seguro que la soledad se hará más profunda por la proliferación de las interacciones a través de las pantallas. Y la soledad no buscada es una de las principales causas de la depresión.

Aun así, lo que venga será lo que hay y cualquier terapeuta de carne y hueso os dirá que la aceptación es una de las llaves de la felicidad.

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